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| Fotografía Flores del Parnaso |
Elegir el hombro de Medusa para dormir la siesta, como el
cuervo que busca la lápida para mimetizarse en roca,
las ánimas de las rosas no son benditas, legan a la piel
espinas de plata,
como quien busca
dormir a Medusa
con ojos de hombre. La plata que envuelve con sus largos
cabellos a la mujer anciana no tiene plata, que mucho azafrán de luna en hebra,
que mucho diptongo de perla y marea, que mucho color futuro claro
del que a veces no queda. La elección de la página
de un libro de poemas que no quiere letra,
que prefiere filos de navaja con que cortar algún dedo
corazón, significa
el sueño erótico de la razón y el monstruo. Elijo la brizna
de hierba pálida que insinúa una gota de sol en el polo sur. Elijo el confeti
boreal que quiso ser cubo de Rubick. Elijo fuegos artificiales para la fragua
de Vulcano. El sueño. Elijo un antes sin después para la hora en que el último
príncipe azul decidió desprenderse del azul, de su vida, de mi vida, de mis
azules
sombras
de sirena
varada en el océano de una taza de café amargo. Elijo morir
de pie como la noria de Chernóbil. Como Moliére sobre el regazo de la Comédie
Française. Como la leyenda de la bruja que transformó a su gato en un sauce
para que a la hora de morir
alguien le llorara
en la memoria del juglar.
Elijo la soledad escogida.
Elijo la fotosíntesis como enfermedad venérea.
Elijo libro como animal de compañía.
La soledad no escogida me escoge a mí.
El sueño, elijo el sueño sobre el hombro de Medusa
la víspera
del día en que los párpados se mineralizarán en alas de
mosca.
Begoña M. Rueda


Muchas gracias Begoña por tu poema.
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