sábado, 15 de marzo de 2014

El diario de Germán

Comenzaré por presentarme. No quisiera ser maleducado. A veces, aunque parezca mentira, los buenos modales, te hacen llegar siempre un poco más lejos con los demás. Además, nunca hay que perder las formas, al menos, así me educaron a mi.

Me llamo Germán, tengo más de sesenta años. Trabajé desde niño. Mis orígenes son muy humildes. Pero ya les hablaré en otra ocasión de ellos. No quiero aburrir a nadie con mis batallitas.

El caso, es que hace un tiempo que no tengo trabajo. Supongo que no hace falta, que les cuente la razón, quien avive el seso, no le extrañará para nada mi situación. En estos tiempos que corren.

Nunca me casé, ni tuve hijos. Por lo que sólo trato de resistir al tiempo. Puedo llegar a ser muy terco.

De hecho, estaba esta tarde aquí tumbado en mi cama. Mirando el atardecer, o mejor dicho, viendo el atardecer como se puede ver desde la ciudad. Y me vino a la cabeza una idea, no sé muy bien por qué, ni para qué, comenzar a escribir un diario. A mi edad, mucho o nada pienso que podría contar. Pero sentí esa necesidad. No sé si seré capaz de llevarlo al día. Hace falta constancia y tenacidad, cosas que a mi años, al menos para mi, me resultan muy complicadas. Pero ya saben, puedo llegar a ser muy terco.

Perdonen mi forma de escribir. No soy una persona culta. Pero tampoco un analfabeto.

Por donde iba, ya sé, decía que estaba aquí oteando el atardecer sobre mi cama. Sereno, como casi siempre, pero mi mente viajaba de una idea a otra. Tratando de hallar respuesta a por qué empezar este diario.

No sé si por pensar o creer que tengo algo que contar. Si porque es una forma hermosa de pasar el rato. O tal vez sólo por soledad.

Por la peor de las soledades, la no buscada. Pues como bien imagino que saben, la soledad puede llegar a ser muy gustosa o plácida, cuando se la busca.

Sin embargo, esto de pasear por la ciudad, sin nunca reconocer o encontrarse a alguien, ya no es tan plácido. O por qué no, nunca recibir llamadas ni visitas, tampoco. Al igual que ni tan siquiera conectarse a eso que llaman red de redes pomposamente, sin hallar a nadie. Puedes encontrar todo lo quieras, pero seguro que a veces, no encuentras a nadie. Es como una línea rota, una comunicación fallida, ya que sólo es unidireccional. Un onanismo, vaya.

A veces, creo que parecemos cada vez más, empresas, en cierta manera vendiéndonos a nosotros mismos en la tal autopista de la información, que no de comunicación.

Pero en fin, supongo que bastante tienen todos con ir de casa al trabajo y viceversa, la familia, las parejas, los niños. Es una buena forma de compartir, en ocasiones, hasta la soledad compartida. Debe haber mucha gente feliz así. O no. Quien sabe.

La vida moderna !ay¡

Ya me he cansado y acabo de comenzar. Discúlpenme.

Continuaré.


Antonio Palacios



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