Comenzaré por presentarme. No quisiera
ser maleducado. A veces, aunque parezca mentira, los buenos modales,
te hacen llegar siempre un poco más lejos con los demás. Además,
nunca hay que perder las formas, al menos, así me educaron a mi.
Me llamo Germán, tengo más de sesenta
años. Trabajé desde niño. Mis orígenes son muy humildes. Pero ya
les hablaré en otra ocasión de ellos. No quiero aburrir a nadie con
mis batallitas.
El caso, es que hace un tiempo que no
tengo trabajo. Supongo que no hace falta, que les cuente la razón,
quien avive el seso, no le extrañará para nada mi situación. En
estos tiempos que corren.
Nunca me casé, ni tuve hijos. Por lo
que sólo trato de resistir al tiempo. Puedo llegar a ser muy terco.
De hecho, estaba esta tarde aquí
tumbado en mi cama. Mirando el atardecer, o mejor dicho, viendo el
atardecer como se puede ver desde la ciudad. Y me vino a la cabeza
una idea, no sé muy bien por qué, ni para qué, comenzar a escribir
un diario. A mi edad, mucho o nada pienso que podría contar. Pero
sentí esa necesidad. No sé si seré capaz de llevarlo al día. Hace
falta constancia y tenacidad, cosas que a mi años, al menos para mi,
me resultan muy complicadas. Pero ya saben, puedo llegar a ser muy
terco.
Perdonen mi forma de escribir. No soy
una persona culta. Pero tampoco un analfabeto.
Por donde iba, ya sé, decía que
estaba aquí oteando el atardecer sobre mi cama. Sereno, como casi
siempre, pero mi mente viajaba de una idea a otra. Tratando de hallar
respuesta a por qué empezar este diario.
No sé si por pensar o creer que tengo
algo que contar. Si porque es una forma hermosa de pasar el rato. O
tal vez sólo por soledad.
Por la peor de las soledades, la no
buscada. Pues como bien imagino que saben, la soledad puede llegar a
ser muy gustosa o plácida, cuando se la busca.
Sin embargo, esto de pasear por la
ciudad, sin nunca reconocer o encontrarse a alguien, ya no es tan
plácido. O por qué no, nunca recibir llamadas ni visitas, tampoco.
Al igual que ni tan siquiera conectarse a eso que llaman red de redes
pomposamente, sin hallar a nadie. Puedes encontrar todo lo quieras,
pero seguro que a veces, no encuentras a nadie. Es como una línea
rota, una comunicación fallida, ya que sólo es unidireccional. Un
onanismo, vaya.
A veces, creo que parecemos cada vez
más, empresas, en cierta manera vendiéndonos a nosotros mismos en
la tal autopista de la información, que no de comunicación.
Pero en fin, supongo que bastante
tienen todos con ir de casa al trabajo y viceversa, la familia, las
parejas, los niños. Es una buena forma de compartir, en ocasiones,
hasta la soledad compartida. Debe haber mucha gente feliz así. O no. Quien sabe.
La vida moderna !ay¡
Ya me he cansado y acabo de comenzar.
Discúlpenme.
Continuaré.
Antonio Palacios

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