Con los años y la experiencia,
cualquiera se da cuenta de la cantidad de cosas con las que tragamos,
sin más. Casi sin percatarnos, que no somos agujeros negros.
Tragamos barbaridades a diario, en los
medios de información, en el trabajo, en cosas tan cotidianas como
el alto coste del nivel vida o unos cada vez más insuficientes
servicios públicos o los descomunales aumentos de injusticia y
desigualdad social.
La mayor parte tragamos por encima de
nuestras posibilidades siempre. En cierta manera, se nos moldea
constantemente así.
Un sencillo y breve ejemplo es la
educación. Como muestra de este moldeamiento brutal.
Cualquier alumno o profesor debe tragar
a largo de su etapa educativa con auténticos calvarios, a pesar de
lo hermoso de su actividad, al margen de su buen hacer.
En particular, durante la etapa
universitaria. Donde ya se parte de un conocimiento general y
específico cultural. Y el alumno se encuentra o debiera encontrar
maduro para afrontar un conocimiento abierto y enriquecedor. Mediante
otras metodologias muy distintas a las actuales.
Obviando las metodologias. Algo sucede
en las diversas áreas de conocimiento. Por citar un ejemplo
significativo, en la vilipendiada filosofía. Que pareciera que no
sirve para nada. Pero nunca se escucha nada sobre esto. Debido a que
todos bajamos las cabezas y tragamos. Siempre tragamos.
Por seguir con el ejemplo, la filosofía
es algo vivo, el saber, no es algo muerto, un mero trofeo de
mariposas secas clavadas con alfileres en un corcho colgado en la
pared. Para el deleite museistico de un espectador. El saber, es algo
muy distinto, es como decía Foucault, una especie de arado que
surca. Y que finalmente adquiere sentido en la práctica. No es
baldío. No tiene un mero sentido o valor coleccionable.
¿Qué ocurre? Pues que académicamente
a la filosofía no se le da este valor o sentido. No se la cuida. Si
cuidarla se tratara de no hacerla una torre de marfil, en la que unos
pocos, discuten sobre ideas, la mayor parte de ellas obsoletas,
sentados en una sala. Para luego marcharse a casa con mejor o peor
sabor de boca. La filosofía, el saber, adquiere sentido en los
demás. En la sociedad, en el intercambio. ¿Qué sucede de nuevo?
Que la filosofía que se enseña, no tiene dimensiones o vocación
social, política o cultural. Aspectos básicos para comprender
nuestro pasado y presente. Nuestro entorno. A nosotros mismos, como
individuos, grupos y sociedades.
La filosofía que se enseña es muy
contraria a esto. Habla de ideas, discute de ideas, construye
realidades de ideas o análisis de ideas. Ignora nuestro medio, la
sociedad.
Además enseña esto de forma más que
reiterativa, a través de autores de obligado estudio, no en una ni
dos ni tres asignaturas distintas de la formación. Sino a veces en
más. Autores que sólo muestran unas formas muy concretas, de las posibles formas de evolución de la sociedad y el pensamiento.
Cuanto esfuerzo, tiempo, energia
invertida para hablar de "mundos de las ideas".
Para que esto no se haga demasiado
extenso, sólo decir que la residualidad de áreas de conocimiento
como la filosofia, las letras o las ciencias sociales, se debe
también a su falta de adaptación a los tiempos. A lo que deciden
mostrar y ocultar. O a su escasa divulgación. Entre otros factores
externos. Añadidos a la falta de medios, personal docente,
sobreacumulación de alumnos por clase etc
Añadir que la mera reproducción
social de un orden dado o la dejadez por parte de los actores
académicos, es muy responsable del presente y futuro de estas áreas
de conocimiento tan básicas
como necesarias o hermosas, para el
bien común de la sociedad.
Flores del Parnaso

No hay comentarios:
Publicar un comentario