| Fotografía Flores del Parnaso |
La
lluvia, cae la lluvia, esta tarde gris, desangelada de futuro y me
recuerda a tus lágrimas. Aquellas lágrimas de impotencia y dolor.
Y yo
allí, triste, desarmado, callado como un imbécil, escuchándote,
porque no se me ocurría nada qué decirte. Dándote mis pañuelos y
limpiándote las lágrimas. Con ganas de darte el abrazo que nunca te
he dado.
Tú,
que también desapareciste lentamente de mi vida, sin dejar rastro ni
hacer mucho ruido.
Me
hubiera gustado ser mucho más valiente contigo, que la vida hubiera
continuado estando a tu lado. Como cuando quedábamos en la puerta
del hotel, junto al parque. Recuerdo que por entonces llevabas un
gorro de colores para el frío. Los fines de semana, las noches de
Nochebuena o Noche vieja. O tantas otras cosas. Éramos apenas unos
críos, pero te quería tanto.
Un día
ordenando algunas cosas, encontré una de tus pinzas del pelo, una
servilleta con dedicatoria firmada, sí, fue en una tetería del
centro.
Hace
unas noches soñé contigo. No sé por qué.
Se me
hace raro, después de tanto tiempo, estar con otras mujeres y soñar
contigo.
Supongo,
que es pura añoranza. Que te extraño.
Lo
cierto, es que nunca encontré el momento de nada. Salvo, una noche
en un pub, atestado de gente, contra una columna, en la que
pareciste, al menos por unos instantes, que podías ser para mí.
Siempre andabas colgada de alguien, o recuperándote de alguna
relación. Aunque también es cierto, que yo era muy disperso, con
todos y todas, siempre de acá para allá, así era difícil
canalizar mis energias.
Me
hubiera gustado verte, por aquel entonces, más como la mujer, que
eras. Y menos como a una de las personas más importantes de mi vida.
Porque
las espinas clavadas del pasado, para alguien que no sabe olvidar,
son para toda la vida.
Hubo
unos años, tarde, demasiado tarde, que supe que hubiéramos sido una
gran pareja. Las cosas casi siempre llegan en mal momento. Y fue muy
duro para mí, porque todo ya era imposible.
No sé
el por qué de tu ausencia o nuestra distancia. Pero eso nunca lo voy
a saber. A veces las distancias, no tienen sentido alguno.
Pero se
hace casi imposible poder competir con el recuerdo de tu imagen,
porque junto a ella, tengo guardado tanta felicidad, que aún me
estremece.
Supongo
que todo queda atrás, sin más, o tal vez que sencillamente,
continuamos adelante, a pesar de que duela. Sin saber muy bien como o
por qué abandonamos lo que dejamos.
Ahora,
que ya no me dejo la piel, ni los sueños por las esquinas, y que
vivir parece menos arriesgado, fue maravilloso compartir tanto
contigo.
Antonio Palacios

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