Escribir, escribir y escribir. Es una
tarea complicada, muy complicada. Quién lo hace, lo sabe.
Existen muchos mitos alrededor de los
escritores. Muchísimos. Tambien alrededor de la literatura.
Escribo casi a diario, desde la edad de
quince años. Trabajando duro, por conseguir cada día mejorar aunque
sea un poquito en algo. Requiere mucho esfuerzo, entrega y
dedicación.
La literatura puede ser una tarea a
veces desagradecida, otras maravillosa, a poco que le entregues algo
de valor.
Escribo sin esperar nada a cambio,
porque creo que es la forma más honesta de escribir literatura,
pienso que no hay lector ideal, al igual que nunca existe el oyente
ideal, ni tampoco el hablante ideal. Por la sencilla razón de que
el lenguaje es contextual, el mejor hablante de una lengua, es aquel
que sabe adaptarse a distintas hablas. Igual que ni somos, ni nos
comportamos igual en todas nuestras situaciones o contextos.
Desde la periferia de la literatura,
alguien como yo no espera llegar a ninguna parte con la literatura,
porque pienso que no hay nada a lo que llegar. Si no es llegar a ser,
lo que uno es, como decía Píndaro.
Y no, no sentiría mucha pena, si no
llegase a nada con la literatura.
Al fin y al cabo, lo máximo a lo que
se puede aspirar, es llegar a ser leído. Llegar a más lectores.
Porque el reconocimiento, la fama o el triunfo, son sólo cosas
bastantes relativas. Teniendo bastante de impostura. Y finalmente el
dinero es sólo tiempo, tiempo, para escribir más.
Personalmente me imagino en un futuro,
escribiendo como hasta no hace mucho, para mi mismo y mi entorno.
Escribiendo a diario, almacenando cantidades ingentes de obras, casi
sin mostrárselas a nadie, o sólo a algunas personas de mi entorno
interesadas en ellas. Sin enviar nada a editoriales, ni concursos, ni
certámenes, ni premios, sin entradas en este blog, que tanto tiempo
me ocupa, sin participar en lecturas o recitales o realizar proyectos
personales o compartidos. En definitiva, todo se reduce a una
cuestión sistémica o ecológica, decidir en qué inviertes tu
energia. Y aunque escribir, es una acción con pleno sentido en si
misma, el mundo que la envuelve, sin ser mejor o peor, que el de
cualquier actividad, no es sin embargo mejor, por más mítico que lo
tratemos.
La literatura siempre permanecerá, a
pesar de los retos actuales y futuros, más allá de la era digital y
sus nuevas formas, o en mitad de una cultura creciente de voluntad de
democratización de todos los aspectos. La cultura tambien se
enfrentará a ese reto ¿Cómo?, pues de la forma que se está
produciendo, con proliferaciones a nivel molecular y molar de formas
de literatura, de publicaciones, de crítica hacía elementos
meramente representativos, muy jerarquizados, que funcionan de arriba
hacia abajo, de centros a periferias, como son la crítica, la
mayoría de las editoriales tradicionales o tantos elementos que al
fin y al cabo, son parte de estructuras de otros siglos. Y que
funcionan dotándonos de creaciones de sentidos del gusto. La
literatura permanecerá, siempre lo ha hecho, de una u otra forma.
Pero el negocio de la industria cambiará. Habrá de cambiar. Y como
lectores, deberemos de aprender nuevas formas de consumo. Que se
están practicando, como quién dice, desde antes de ayer.
Siento un profundo amor por la
literatura. Pero a veces me preguntan, por qué el blog no es
integramente de literatura. Más allá de mis inquietudes, el blog
no es sólo de literatura, porque considero que existen cosas aún
más valiosas que la literatura, por ejemplo lo político.
Lo político, al fin y al cabo,
traspasa todas nuestras dimensiones, al poseer la manera de
organizarnos. No existe lo contrario de esto, tal y como muchas
veces se escucha, no existe como organización social el caos. Toda
comunidad se organiza entorno a unas ideas de orden.
Y no podemos eludir lo político ni
escapar a ello, lo contrario son imposturas. En cambio, si no
existiese la literatura, existirían otras formas o vehiculos
artísticos de expresión.
El campo de lo social, lo cultural, lo
político o lo moral, se juega mucho en y con el lenguaje. Debemos de
ser capaces de construir autenticos artilugios, no sólo explicativos
y analíticos de nuestra realidad, sino constitutivos de necesarios
cambios en nuestra vida en sociedad.
Antonio Palacios

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