lunes, 14 de marzo de 2016

La carretera. Un microrrelato de Antonio Palacios

El final de algo que nunca he alcanzado a ser capaz de nombrar, fue una carretera secundaria ahora vedada a mis pasos, porque ya no me conducen a tu casa. Aquella misma carretera que se perdía por el horizonte, desde mi ventana, atravesando olivares, una autovía o un viejo puente de piedra. Aunque tal vez sólo se trate de una ilusión vaga producida por el feroz paso del tiempo, mientras nos engulle a todos y el final de todo fuese el día que me regalaste aquel libro, sí, el de la dedicatoria. Cuando yo no lo sabía pero constituía toda una despedida. El final también pudo ser aquel día que me dijiste que empezabas a salir con otro, o mi boca cosida con el hilo de tus ojos siempre tan atentos, o un puñado de preguntas que nunca te hice u otras que siempre esperé que tú me hicieras.
De ti es fácil decir que aún guardo un sencillo recuerdo límpido, a pesar de los años, de las experiencias. Momentos sobrevenidos de una felicidad pasada que nunca volverá. De mi yo de por aquel entonces, sólo diré que era mucho más impetuoso, menos sabio, más joven, arriesgado, idealista y estúpido.
En ocasiones, vienen a mi mente recuerdos que me perturban asediándome desde el vacío del frío olvido, con todo aquel candor de aquella época en la que ser feliz era tan sencillo y liso o perfecto como la línea de un círculo.
A veces, creo haberte olvidado cuando en mitad del frenesí que es vivir, tengo que dejar abandonadas en la cuneta tantas cosas para sencillamente poder seguir adelante. Deshacerme de cosas antiguas o pasadas para poder acoger las nuevas. Ser siempre un hombre nuevo que sólo intenta llegar a ser lo que soy.
Dudo que ni tan siquiera seas capaz de imaginar lo feliz que me hacías. Aún guardo olores, palabras, ese tipo de cosas pequeñas e inolvidables que te sobrevienen en los momentos más imprevistos.
Éramos apenas unos críos, lo sé. Pero me hubiera dado igual lo que fuera a ser si estabas conmigo. Te habría seguido donde hubieras ido. Me hacías sentir tanto amor que todavía me estremezco. Creo que me equivoqué contigo en muchas cosas, con ello me va a tocar vivir.
Hubo un tiempo en el cual siempre leí en tu mirada una queja hacía mi. Entonces no entendía el por qué, ahora me parece que sí lo entiendo.
Hace unos días pasaste a mi lado, ni me miraste.
That´s life.
"(...) El pajaro no vuela tiene las alas rotas,
la vida es una cárcel con las puestas abiertas (...)".

Andrés Calamaro

Antonio Palacios

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