El
final de algo que nunca he alcanzado a ser capaz de nombrar, fue una
carretera secundaria ahora vedada a mis pasos, porque ya no me
conducen a tu casa. Aquella misma carretera que se perdía por el
horizonte, desde mi ventana, atravesando olivares, una autovía o un
viejo puente de piedra. Aunque tal vez sólo se trate de una ilusión
vaga producida por el feroz paso del tiempo, mientras nos engulle a
todos y el final de todo fuese el día que me regalaste aquel libro,
sí, el de la dedicatoria. Cuando yo no lo sabía pero constituía toda una despedida. El final también pudo ser aquel día que
me dijiste que empezabas a salir con otro, o mi boca cosida con el
hilo de tus ojos siempre tan atentos, o un puñado de preguntas que
nunca te hice u otras que siempre esperé que tú me hicieras.
De ti
es fácil decir que aún guardo un sencillo recuerdo límpido, a pesar
de los años, de las experiencias. Momentos sobrevenidos de una
felicidad pasada que nunca volverá. De mi yo de por aquel entonces,
sólo diré que era mucho más impetuoso, menos sabio, más joven,
arriesgado, idealista y estúpido.
En
ocasiones, vienen a mi mente recuerdos que me perturban asediándome
desde el vacío del frío olvido, con todo aquel candor de aquella
época en la que ser feliz era tan sencillo y liso o perfecto como la
línea de un círculo.
A veces,
creo haberte olvidado cuando en mitad del frenesí que es vivir,
tengo que dejar abandonadas en la cuneta tantas cosas para
sencillamente poder seguir adelante. Deshacerme de cosas antiguas o
pasadas para poder acoger las nuevas. Ser siempre un hombre nuevo que
sólo intenta llegar a ser lo que soy.
Dudo
que ni tan siquiera seas capaz de imaginar lo feliz que me hacías. Aún guardo olores, palabras, ese tipo de cosas pequeñas e
inolvidables que te sobrevienen en los momentos más imprevistos.
Éramos
apenas unos críos, lo sé. Pero me hubiera dado igual lo que fuera a
ser si estabas conmigo. Te habría seguido donde hubieras ido. Me
hacías sentir tanto amor que todavía me estremezco. Creo que me
equivoqué contigo en muchas cosas, con ello me va a tocar vivir.
Hubo un
tiempo en el cual siempre leí en tu mirada una queja hacía mi. Entonces no entendía el por qué, ahora me parece que sí lo
entiendo.
Hace
unos días pasaste a mi lado, ni me miraste.
That´s
life.
"(...)
El pajaro no vuela tiene las alas rotas,
la
vida es una cárcel con las puestas abiertas (...)".
Andrés
Calamaro
Antonio Palacios

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