- Mateo: Carmelo ¿Qué son los mercados?
- Carmelo: Pues no sabría decirte. Según hablan a veces
algunos analistas sobre ellos. A veces parecen una entelequia. Otras veces, sin
embargo, son simples mortales. Según convenga.
- Mateo: Venga hombre, por qué dices eso.
- Carmelo: Pues sencillamente, porque a veces, se les
humaniza. Dudan, están inquietos, indecisos, inseguros, temerosos, nerviosos,
compulsivos. Tenemos que tranquilizarlos, mimarlos, darles confianza,
ofrecerles garantías.
- Mateo: Pobrecitos ¿no?
- Carmelo: Pero otras veces, parecen una simple máquina de
crear beneficios por encima del hambre, la pobreza, el desamparo, la miseria y
el sufrimiento. Y si la mariposa aletea en algún rincón del mundo o no. Siempre
reaccionan. Y menudas reacciones.
- Mateo: Es que son muy susceptibles, Carmelo ¿Y tu que
piensas?
- Carmelo: Pues si te soy sincero. He de decirte que me
parecen un conjunto de prácticas, pautas o valores normativizados. Es decir,
una normatividad, a veces legislada, no legislada, o incluso con sus vacíos
legales. Dentro de un subsistema, el económico. Pero nada casual. Ten en
cuenta, Mateo, que incluso hay quién dijo que todo esto lo “gobernaba” una mano
invisible. Aunque ahora, más modernos, dicen que se autorregula solo. Como si cualquier
conjunto de prácticas o hechos se pudiera regular solo. Per se. Sin valores,
pautas, códigos, normas, etc. Y más si se trata de un complejo sociocultural y
económico institucionalizado.
- Mateo: Las cosas que hay que escuchar a veces. Carmelo. Ni
que fuera un demiurgo.
- Carmelo: Pues eso, que es una forma, llámalo instrumento,
dispositivo, mecanismo, como quieras. Con posibilidades de ser subvertido. Por
y para la gran mayoría de la ciudadanía que sufre y padece sus decisiones y
malas prácticas. No sabes hasta donde llevan razón aquellos que dicen que todos
formamos parte de eso llamado genéricamente “mercado”. Aunque claro, no
dispongamos del poder de decisión especulativo financiero ni de su capacidad de
legislación.
- Mateo: A veces no hay quién te entienda. Eso que vemos las
mismas noticias y casi leemos lo mismo. ¿Eh? Pero desde luego, lo cierto es que
desconocemos que hacen con nuestro dinero. O peor aun, nos lo imaginamos.
- Carmelo: Quizás Mateo, lo que sucede a fin de cuentas, es
que hemos descuidado mucho, muchas cosas, durante demasiado tiempo. Entre otras
cosas, claro. Aunque como no hacerlo.
Flores del Parnaso
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